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OPINIÓN: “El aquelarre de Maduro”

Por Leonardo Trechi

Esta reunión de brujas, este acto de invocación a la malignidad, este baile gozoso y  sádico que resulta difícil de mirar y digerir, representa lo que en esencia es el régimen de Nicolás Maduro.

Luego de un Golpe de Estado, en su pretensión de atornillarse indefinidamente al poder y como jefe máximo de los organismos de represión del estado, Maduro ha decidido desatar su furia sobre la población venezolana que protesta en las calles exigiendo lo que corresponde por derecho: elecciones generales, libertad para presos políticos, acción humanitaria y respeto a la Asamblea Nacional electa por más de 15 millones de votantes en diciembre de 2015.

Es así, como mientras miles de venezolanos son reprimidos sin ninguna compasión, jóvenes son asesinados por los organismos del Estado, los presos políticos son torturados en calabozos y la población muere por hambre y miseria, Nicolás Maduro, el presidente mutado en dictador,  junto con su esposa, la primera combatiente y el resto de seres privados de alma que le acompañan por la fuerza en el ejercicio del poder, bailan arrítmicos y sonrientes a espaldas de la cruz y se jactan poseídos, orgullosos de la sangre derramada en las calles por héroes valientes que gritan libertad. Un espectáculo condenable y bochornoso, jamás visto en la historia de la República que hoy acumula más de 30 muertos, cientos de heridos y miles de privados ilegalmente de libertad.

Las ánimas  que hoy forman parte de las fuerzas militares y policiales, disminuidos en autómatas cobardes bajo el control perverso de Padrino López, muchos de ellos delincuentes convertidos en fuerza pública, usan a sus víctimas como trofeos para regodearse en los cuarteles donde son premiados y ascendidos. Este ritual de sangre, represión y muerte, que pareciera controlado por el mismísimo Lucifer, asoma la barbarie que significaría que los venezolanos abandonen su lucha hasta ahora  indetenible.

Este aquelarre, este festejo de la muerte, este ejercicio público de miseria humana creado con el único objetivo de sembrar desesperanza en el pueblo venezolano, ya no sirve de nada, no vencerá la determinación, valentía y la fuerza  que nos inspiran nuestros jóvenes, madres, abuelos, trabajadores y esa dirigencia política que unida, día a día,  acorrala en sus cuatro cuadras a los danzantes de la muerte.

La Generación del 2017: El Antídoto contra la Tirania

Por Leonardo Trechi

Existe entre los venezolanos una esperanza, una manzana no podrida que yacía dormida, un espíritu, una energía poderosa que contagia, que llena de fuerzas y de dignidad más allá del riesgo de perder la vida. Nació entre la podredumbre, se formó con criterio propio entre libros rojos y adoctrinamiento, creció entre desesperanzados, corruptos y traidores. No sabemos cómo, pero esta allí, de pie, luchando contra la dictadura. No conoció otro nombre sino a Chávez y ahora a Maduro, no conoció otra ideología sino la opresión que siente como antinatura. Una generación que esta dando su vida por la nuestra y que nos demuestra que Venezuela si tendrá futuro. La generación del 2017, así será recordada en la historia, viva en nuestros corazones, valiente, guerrera, indomable, fraterna y llena de amor por Venezuela.

Una generación que no supimos entender en 2014 y que abandonamos en calabozos mugrientos de tortura y, estando muy por encima de nuestra pobreza de espíritu, hoy regresa fortalecida por miles para dar la batalla final en la conquista de la libertad de Venezuela.

Hoy nuestros jóvenes hacen retroceder a una bola de sinvergüenzas que se oculta como animal herido detrás de una barrera militar, gas y cruenta represión. A nuestros jóvenes que hoy mueren en las calles, que vemos torturados en plena vía pública, les debemos ese sentimiento de victoria que hoy comienza a crecer en cada uno de nosotros. Es esa dignidad que tras diálogos trasnochados y gallos tapados habíamos perdido.

Esa energía renovadora que ahora contagia a hombres y mujeres, de todas las edades y en todos los rincones del país. Esa fuerza que hoy doblega dolorosa y lentamente al tirano, será la cura contra esta asquerosa enfermedad mutada de la revolución.

Sin duda la Providencia nos ha traído el antídoto contra la feroz tiranía. La generación del 2017.

La campaña por una paz dividida llevó a Colombia a un limbo

La campaña por el plebiscito que definiría el rumbo del proceso de paz en Colombia, arrancó mucho antes de conocerse la fecha para asistir a las urnas. Pero aun con una guerra extenuante y una contienda electoral larga, inesperadamente el país derivó en un limbo plagado de incertidumbre tras el referendo, que se paseó entre el “Vota sí por la paz” y “Vota no por la paz”. Para los expertos, no hubo ganador político.

El 1 de agosto inició formalmente una carrera contrarreloj que aspiraba conocer si los colombianos aceptaban o no los acuerdos pautados en La Habana entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para lograr la paz. La respuesta de los ciudadanos fue no –con 50,2% de los votos–. Un resultado contradictorio a la mayoría de las encuestas, adverso a la postura del gobierno de Santos y que deja a Colombia dividida en dos – 49.7% personas votaron por el ‘Sí’–.

El panorama se vislumbra expectante. Ahora el proceso para la tan anhelada paz debe pasar por un consenso antes de continuar. En esto derivó una campaña electoral por el plebiscito, en la que tanto los defensores del acuerdo final entre gobierno y FARC, como sus detractores, han jugado a ser paladines de cómo debe ser la justicia para la paz. La contienda inició además con la petición de la oposición de que ningún funcionario hiciera campaña, por ser unas elecciones atípicas. Cosa que no se cumplió.

Por un lado, tras conocerse el resultado, al presidente Juan Manuel Santos le tocó aceptar la derrota de su modelo de resolución a un conflicto armado que suma 52 años y 220.000 muertos. Su campaña por el ´Sí´ ha sido larga y costosa, pues en esto se ha enfocado su propuesta de gobierno y ha abanderado esta idea desde que iniciaron las negociaciones hace 4 años en La Habana.

En las últimas semanas, decenas de autobuses se movilizaron en las ciudades, pintados con frases en apoyo al ´Sí´. Mientras que los líderes de los principales partidos que acompañan a Santos en las negociaciones con las FARC hicieron recorridos por las comunidades, así como homenajes a las víctimas del conflicto y jornadas pedagógicas para sumar simpatizantes a su causa, especialmente en las zonas afectadas por la guerra. En estos departamentos votaron mayoritariamente a favor del ´Sí´, mientras que en departamentos más urbanos, que no han sufrido directamente la violencia, ganó el ‘No’.

“Colombia se abraza” y “Sí por la paz” fueron algunas de las frases usadas por el gobierno durante la campaña. Incluso se escucharon en actos de inauguración de obras oficiales, por lo que la oposición acusó a Santos de usar dinero del Estado para las movilizaciones por el voto positivo.

Pero no solo estaba esto a su favor, también la simplificación de la pregunta: “¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?”. El mandatario sostuvo que debía redactarse una pregunta integral y no los detalles de cada punto del documento, y mantuvo durante la contienda el “Sí para terminar la guerra” en un llamado a aceptar la propuesta en su totalidad.

En el polo contrario, el Centro Democrático, principal partido opositor al gobierno, y el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe encabezaron la cruzada por el ´No´. “Nos queda la opción de decir sí a la paz votando ‘No’ al plebiscito”, decía Uribe.

Su esfuerzo se encaminó hacia el rechazo del umbral mínimo de votos –requería una participación de 13% del electorado, es decir que se necesitaban 4,4 millones de votos por el Sí´ para validar los acuerdos–, así como al cuestionamiento de la disminución de los impuestos, la justicia transicional y la impunidad. Además criticó a Santos por cambiar la confianza inversionista “por el populismo tributario” y el “abandono del diálogo popular por la claudicación ante el terrorismo”.

Durante la campaña del plebiscito, el exmandatario trató de hacer calar la idea de que si se rechazaban los acuerdos, estos se podrían renegociar, algo en contra de lo que han sido tajantes el gobierno y las FARC.

Su campaña también estuvo agitada, aunque con menos recursos. El discurso de oposición se hizo más fuerte. El Centro Democrático llegó a afirmar que Santos le está “allanando el camino” a la doctrina de Socialismo Siglo XXI de las FARC, ligados al chavismo en Venezuela. A lo que el alto comisionado para la paz, Frank Pearl, respondió que “no está en juego ni el modelo político ni el modelo económico” de Colombia.

El proselitismo político y la diferencia de conceptos de valores frente a los temas relacionados a la paz, ha colocado a los líderes de Colombia en una batalla por quién debe llevarse el mérito de la justicia. Para algunos analistas Uribe fue el triunfador político de la jornada, para otros no se puede hablar de ganadores.

Lo que es cierto es que el resultado cambia el mapa político de Colombia y la ruta para el proceso de paz. Es por ello, que Santos se ha obligado a reunirse con Uribe y el exmandatario Andrés Pastrana – quien también pidió un voto negativo en la consulta– en busca de un consenso que estuvo ausente durante cuatro años de negociaciones.

La disparidad del mensaje de los políticos, los intereses de poder y el miedo por las heridas de la guerra permearon el voto de los colombianos. Lo que se terminó por sacrificar es la unidad del país en una encrucijada cuya respuesta es la paz, que aún hoy es tan solo una ilusión.